Trovadores


Alguien me vino a recordar, alguna vez,
que en la profundidad del cielo hay mil estrellas
prisioneras tras del sol
y hay tantas voces escondidas a mi alrededor
en disfraces cotidianos
de silencios invocados por el brillo del amor.

Hay mucho más en el volar de un colibrí
que aquel murmullo que acompaña su aleteo
sobre el blanco de un jazmín;
hay tantas noches que ha pasado solo y sin dormir
un relámpago enterrado
en un cofre encadenado por los fierros del dolor
y no entiende que su luz es el por qué del trovador.

Trovadores son los mares
que con su cantar de ola
me limpiaron la camisa,
el sombrero y el cinturón.
Más trovadora en su silencio, en su vaivén,
es una flor en el jardín...

Trovadores son los niños
antes de aprender a hablar,
trovadores son los barcos
que se hundieron en la mar.
Tan trovadora es una noche taciturna
como un día de carnaval.

Siempre es más fácil ver brillar al corazón
cuando esta armado con un arsenal de versos
que defienden su blasón.
Entre las cúspides del frío, la revolución
es un canto desolado,
es un eco asesinado en una noche sin calor:
pero un canto bien cantado es el fusil del trovador.

Trovadoras las ventanas
cuando ven llegar al alba,
trovadoras las mañanas
y no saben su esplendor.
La luna clara es una trova que recuerda
que al otro lado esta el sol.

Trovadoras las pupilas
que me hicieron ser quien soy,
trovador es quien camina
haciendo versos su labor.
Sin melodía, sin guitarra y sin excusas,
sin corcheas ni semifusas,
sin mas que amor
pa’ describir el corazón del trovador.


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